El cambio de hora, adelantando o atrasando el reloj una hora, puede parecer un detalle mínimo para un adulto, pero para un niño pequeño, cuyo reloj biológico todavía se está formando, representa un pequeño jet lag real. La buena noticia es que, con unos días de preparación, el impacto se puede reducir de forma significativa.
Por qué el cambio de hora afecta al sueño de los bebés
El ritmo circadiano de los niños pequeños está regulado en gran parte por la exposición a la luz y la coherencia de los horarios diarios. Un cambio repentino de una hora —aunque para un adulto sea casi imperceptible al cabo de un día o dos— requiere que el cuerpo del bebé necesite varios días para reajustarse por completo.
La estrategia gradual (recomendada para la mayoría de los bebés)
Consiste en desplazar los horarios de sueño unos 10-15 minutos al día, durante los 4-6 días previos al cambio de hora, en la dirección correcta. Este enfoque reparte el impacto del cambio en varios días en vez de concentrarlo en una sola noche, y suele ser el método con menor impacto en el ánimo y el sueño del bebé.
La estrategia rápida (para quienes no pueden planificar con antelación)
Si no es posible preparar el cambio con antelación, se puede simplemente adoptar el nuevo horario desde el primer día, aceptando 3-5 días de ajuste más intenso. En este caso, la exposición a la luz natural por la mañana y la constancia en el resto de la rutina ayudan a acelerar la adaptación del ritmo circadiano.
