Durante un resfriado o una enfermedad leve, es normal que el sueño del bebé empeore temporalmente. La pregunta que se hacen muchos padres es cuánta flexibilidad dar a la rutina habitual sin luego tener dificultades para volver a la normalidad una vez recuperado.
Qué es razonable cambiar temporalmente
Durante la enfermedad, es totalmente normal y aceptable dar más flexibilidad: alguna toma o mimo extra, un despertar gestionado con más contacto físico de lo habitual, o una siesta diurna más larga si el bebé la necesita para recuperar energía. Estos ajustes temporales no "estropean" los buenos hábitos de sueño construidos antes de la enfermedad.
Qué conviene mantener sin cambios
Incluso con toda la flexibilidad necesaria, mantener el horario general de la noche y la secuencia básica de la rutina (aunque sea abreviada) ayuda a preservar una sensación de normalidad para el bebé, y facilita el regreso a la rutina completa una vez recuperado.
Adaptar el ambiente de la habitación durante la enfermedad
Un humidificador puede ayudar con la congestión nasal, facilitando la respiración durante el sueño. Elevar ligeramente el cabecero del colchón (nunca con almohadas en la cuna de un recién nacido, sino con una cuña de seguridad apropiada para la edad) puede reducir la molestia de la nariz tapada en niños más mayores.
