El chupete es uno de los productos más debatidos entre los padres primerizos: hay quien lo considera indispensable para el sueño, y quien lo evita por miedo a que se convierta en un hábito difícil de eliminar. Como suele pasar con estos temas, la realidad es más matizada que ambas posturas extremas.
Las ventajas documentadas del chupete
Varias pautas pediátricas asocian el uso del chupete durante las siestas y por la noche con una posible reducción del riesgo de SMSL, especialmente en el primer año de vida. Además, la succión tiene un efecto calmante natural documentado, útil para ayudar a dormirse a muchos bebés, sobre todo en los primeros meses.
El riesgo real de dependencia: cuándo aparece
El problema práctico más común no es el chupete en sí, sino la dependencia de que se lo vuelvan a poner: si el bebé se despierta cada vez que el chupete se cae de la boca durante el sueño ligero, y necesita que un padre se lo reintroduzca para volver a dormirse, los despertares nocturnos pueden ser mucho más frecuentes.
Cuándo introducir el chupete
Para bebés amamantados, muchas pautas sugieren esperar a que la lactancia esté bien establecida, generalmente después de las primeras 3-4 semanas, para evitar interferencias con el agarre al pecho. Para bebés alimentados con biberón, esta misma precaución de tiempo generalmente no se aplica.
