Envolver a un recién nacido (la práctica de arroparlo firmemente en una mantita) es una técnica antigua usada en muchísimas culturas para favorecer el sueño en los primeros meses. Funciona bien hasta que el bebé empieza a darse la vuelta —en ese momento, envolverlo se convierte en un riesgo de seguridad, ya no en una ayuda, y la transición al saco de dormir se vuelve necesaria.
Por qué envolver ayuda al sueño en los primeros meses
Envolver recrea artificialmente la sensación de contención que el bebé sentía en el útero, y limita los movimientos bruscos de los brazos que de otro modo pueden despertarlo durante el sueño ligero. Para muchos recién nacidos, esto se traduce en siestas más largas y despertares menos frecuentes en los primeros 2-3 meses.
Cuándo dejar de envolver: la señal innegociable
Las pautas de seguridad son claras en este punto: hay que dejar de envolver en cuanto el bebé muestre los primeros signos de poder darse la vuelta, normalmente entre las 8 y las 16 semanas según el bebé. Un bebé envuelto que se gira boca abajo no puede usar los brazos para liberarse o levantar la cabeza, lo que supone un riesgo serio.
El reflejo de Moro y por qué el saco de dormir sigue ayudando
El reflejo de Moro (un movimiento repentino e involuntario de los brazos en respuesta a estímulos o cambios de posición) es la razón principal por la que muchos recién nacidos se despiertan solos durante el sueño ligero en los primeros meses. Un saco de dormir con los brazos contenidos puede reducir este efecto incluso después de dejar de envolver.
