Si hasta hace poco la hora de dormir era un momento tranquilo, y ahora tu hijo de entre 3 y 6 años de repente tiene miedo a la oscuridad, pide la luz encendida, o se despierta asustado en mitad de la noche, no es un paso atrás: es una señal de desarrollo cognitivo. La imaginación a esta edad da saltos enormes, y la misma capacidad que le permite inventar historias maravillosas durante el día es la que, de noche, puede convertir las sombras en monstruos.
Por qué los miedos nocturnos empiezan justo en esta etapa
Hacia los 3-4 años, los niños desarrollan una comprensión más sofisticada de conceptos como "peligro" y "separación", pero todavía no tienen las herramientas cognitivas para distinguir siempre con certeza qué es real y qué es imaginado. Esta combinación —mayor conciencia, pero aún poca capacidad de racionalizar— es terreno fértil para miedos que a un adulto le parecen irracionales, pero que para el niño son absolutamente reales en el momento en que los vive.
Pesadillas y terrores nocturnos: cómo distinguirlos
Las pesadillas suelen ocurrir en la segunda mitad de la noche, el niño se despierta asustado y a menudo se le puede consolar y recuerda el sueño. Los terrores nocturnos, en cambio, ocurren más a menudo en la primera parte de la noche, el niño puede parecer despierto (ojos abiertos, agitación, llanto) pero en realidad sigue dormido y generalmente no recuerda nada por la mañana —en este caso, lo más eficaz es no despertarlo activamente, sino solo asegurarse de que esté a salvo, esperando a que el episodio pase solo, normalmente en pocos minutos.
Miedo a la oscuridad: un enfoque práctico
Una pequeña luz nocturna cálida (no fría ni demasiado intensa, lo que puede interferir con la producción de melatonina) suele ser una solución sencilla y eficaz. También ayuda involucrar al niño en la solución: dejarle elegir la luz nocturna, o darle un "objeto guardián" (un peluche "valiente") le da una sensación de control sobre la situación, que a menudo reduce el miedo más que cualquier tranquilización verbal.
